- Establece la meta de que el 100% de las ventas de vehículos livianos y medianos sean cero emisiones para el año 2035.
- Prioriza el despliegue de infraestructura de carga pública y privada, incluyendo corredores estratégicos y carga domiciliaria.
- Amplía el alcance de la electrificación hacia el transporte de carga pesada, así como el transporte marítimo, fluvial y lacustre.
- Promueve la economía circular mediante la reutilización y segunda vida de las baterías para almacenamiento energético.
La movilidad eléctrica ha dejado de ser una simple tendencia para convertirse en una necesidad estratégica fundamental en la actualidad. En el caso de Chile, la situación es crítica ya que el transporte devora más de un tercio del consumo energético del país, dependiendo casi totalmente de combustibles fósiles que vienen de fuera, lo que nos deja totalmente a merced de los vaivenes de los precios internacionales del petróleo y de los líos geopolíticos globales.
Para romper estas cadenas y ganar autonomía, se ha puesto en marcha una hoja de ruta ambiciosa que busca transformar la manera en que nos movemos. El plan no solo quiere limpiar el aire, sino también modernizar la infraestructura y crear nuevas oportunidades de negocio en sectores que hasta hace nada eran ciencia ficción, aprovechando que la red eléctrica es cada vez más verde y sostenible.
Metas de ventas y plazos clave
El objetivo final es bastante claro: para el año 2035, el 100% de los coches livianos y medianos que se vendan deben ser de cero emisiones. Pero como no se puede llegar a la cima de un salto, se ha fijado un peldaño intermedio muy importante para el 2030, donde se pretende que al menos el 20% de las ventas ya correspondan a vehículos eléctricos o tecnologías limpias.
El corazón del sistema: la infraestructura de carga
No sirve de nada tener coches eléctricos si no tienes dónde enchufarlos, por eso la carga eléctrica es el eje central de toda la estrategia. Se busca desplegar una red robusta que abarque desde el cargador en casa y los edificios, hasta puntos públicos en la ciudad y, sobre todo, corredores de carga en rutas estratégicas para que la gente se anime a viajar largas distancias sin miedo a quedarse tirada, optimizando la autonomía de los coches eléctricos.
Nuevos horizontes: transporte pesado y marítimo

Hasta ahora, la electromovilidad se centraba mucho en los turismos, pero ahora el foco se amplía a los «pesos pesados». Se están impulsando proyectos piloto y cambios en las leyes para que el transporte de carga urbano e interurbano dé el salto al eléctrico, superando retos de potencia y autonomía. Además, por primera vez, se incluye el transporte fluvial y lacustre, buscando soluciones eléctricas para trayectos cortos en zonas específicas.
Sostenibilidad total y economía circular

La estrategia no se olvida de lo que pasa cuando una batería llega al final de su vida útil. Se propone un modelo de economía circular donde las baterías no acaben en un vertedero, sino que tengan una segunda vida como almacenamiento de energía para la red eléctrica, explorando también nuevas tecnologías como las baterías de iones de sodio, asegurando siempre la trazabilidad y la seguridad de los componentes.
Capacitación, seguridad y normativa
Para que todo esto ruede, hace falta gente que sepa manejar estas tecnologías. Se está trabajando en la creación de nuevos perfiles laborales y en la formación de técnicos especializados. Al mismo tiempo, es vital que la seguridad vial evolucione, creando protocolos para que los servicios de emergencia sepan cómo actuar ante un vehículo eléctrico y que los usuarios se sientan totalmente seguros.
En cuanto al marco legal, se están analizando modificaciones regulatorias y proyectos de ley para eliminar esas trabas burocráticas que a veces frenan la inversión privada y la adopción más rápida de estas tecnologías.
Eficiencia energética en las carreteras

Paralelamente, existen esfuerzos globales, como los vistos en España, para que la propia infraestructura vial sea eficiente. Esto implica reducir a la mitad el consumo eléctrico de las carreteras mediante la modernización del alumbrado en túneles y la implementación de sistemas de gestión inteligente, utilizando fondos europeos para que la red de transporte sea mucho más competitiva y menos contaminante.
La transformación hacia un modelo de transporte sostenible requiere un esfuerzo coordinado entre el sector público y el privado, integrando desde la carga de vehículos y la gestión de baterías hasta la optimización del consumo energético en las infraestructuras viales, asegurando así que las metas de descarbonización se traduzcan en una realidad tangible y eficiente para toda la sociedad.