- La densidad de corriente describe cuánta carga fluye por unidad de área y se relaciona con la intensidad I mediante I = ∫ j · dS o, en el caso uniforme, I = J·A.
- Su expresión microscópica j = Σ nk qk vk conecta el movimiento de portadores (electrones, iones, huecos) con el modelo de conducción en metales, disoluciones, semiconductores y plasmas.
- La ley de Ohm local J = σE surge del modelo de Drude-Lorentz y permite vincular campos eléctricos, conductividad del material y densidad de corriente, base del dimensionado de cables y elementos de circuito.
- La conservación de la carga conduce a la ecuación de continuidad y a la ley de nodos de Kirchhoff, extendiéndose en marcos relativista y cuántico mediante el cuadrivector de corriente y la corriente de probabilidad.

La densidad de corriente es una de esas magnitudes de electromagnetismo que parecen muy teóricas, pero que en realidad mandan sobre cosas tan cotidianas como el grosor de los cables, la seguridad de una instalación eléctrica o el diseño de un electrodo en una batería. Si alguna vez has visto un cable recalentado o «chamuscado», lo que ha fallado por detrás es, precisamente, un mal cálculo de densidad de corriente.
Cuando hablamos de densidad de corriente no solo miramos cuánta corriente circula, sino cómo se reparte esa corriente en el espacio dentro de un conductor o un material. Eso obliga a ir un poco más allá de la simple intensidad I del circuito y a bajar al nivel microscópico: portadores de carga (electrones, iones y huecos), velocidad de deriva, modelos de conducción y hasta formulaciones relativistas y cuánticas cuando afinamos al máximo la teoría.
Modelos de conducción eléctrica y tipos de portadores
Todas las corrientes eléctricas tienen algo en común: el movimiento de cargas a través del vacío o del interior de un material. Lo que cambia de un caso a otro es el mecanismo que permite ese movimiento. Para describirlo, en física se utilizan distintos modelos de conducción, que combinan una parte cualitativa (qué portadores se mueven y cómo) con una parte matemática más formal.
Disoluciones salinas y electrolitos
En una disolución salina el medio de conducción es una auténtica «sopa» de iones. En agua pura ya tenemos iones H+ y OH− procedentes de la autoionización del agua, pero si disolvemos, por ejemplo, sal común (NaCl), aparecen Na+ y Cl−, y en agua de mar se suman muchísimas especies adicionales como Ca2+, K+, Mg2+ y más.
Cada conjunto de partículas cargadas con la misma carga y signo se denomina especie de portadores, y se caracteriza por una valencia Z. Por ejemplo, todos los iones Cl− forman una especie con Z = −1, mientras que los iones Ca2+ constituyen una especie con Z = +2. El número de especies presentes depende de las sales disueltas, y la densidad de corriente total en la disolución será la suma de las contribuciones de todas ellas.
Conductores metálicos
En un metal clásico (cobre, oro, plata, aluminio, etc.) la conducción se debe a los electrones libres. El material puede imaginarse como una red de iones positivos fijos (núcleos más electrones ligados) inmersos en una nube de electrones de conducción, que no pertenecen a ningún átomo concreto, sino al sólido completo. Es el llamado enlace metálico.
En este caso solo existe una especie de portadores de carga: los electrones, con carga −e. Aunque en la realidad se mueven electrones negativos, en la mayoría de cálculos de circuitos se adopta la convención de que la corriente circula como si se desplazaran cargas positivas, porque así la densidad de corriente y el sentido de movimiento imaginario coinciden y se evitan confusiones de signo.
Semiconductores: electrones y huecos
En materiales semiconductores como el silicio o el germanio la situación es más sutil. A temperatura cero y en un cristal perfecto, todos los electrones están fuertemente ligados en enlaces covalentes, por lo que inicialmente no hay portadores libres y no se puede establecer corriente.
Sin embargo, al aumentar la temperatura o introducir impurezas (dopado) se generan portadores: algunos electrones adquieren energía suficiente para abandonar su enlace y pasar a estados de conducción, y en el átomo del que han salido queda un hueco, que se comporta como una carga positiva móvil. De esta forma, en un semiconductor típico coexisten dos especies: electrones (carga −e) y huecos (carga +e), cada una con su densidad numérica y su velocidad media.
Plasmas
Un plasma es un gas ionizado con gran variedad de iones y electrones libres. Aparece en descargas eléctricas, en la atmósfera superior, en lámparas de descarga o en el interior de las estrellas. En un plasma hay múltiples niveles de ionización y, por tanto, muchas especies distintas de portadores, sometidas tanto a campos eléctricos y magnéticos externos como a las interacciones entre sí.
Definición de densidad de corriente
La densidad de corriente es la magnitud que cuantifica el flujo de carga por unidad de área en un punto de un material. Es un vector, que se suele designar como j o J, y cuyo módulo indica cuántos amperios atraviesan cada metro cuadrado de sección transversal.
En términos macroscópicos, cuando la corriente es uniforme en una sección, se puede escribir simplemente:
J = I / A
donde I es la corriente eléctrica total que atraviesa la sección (en amperios) y A es el área de la sección transversal (en m2). La unidad de la densidad de corriente en el Sistema Internacional es, por tanto, A/m2. En aplicaciones de instalaciones eléctricas también es habitual expresarla en A/mm2 porque las secciones de cables se miden en milímetros cuadrados.
Desde la perspectiva microscópica, la densidad de corriente surge del movimiento promedio de las cargas dentro de un pequeño volumen alrededor del punto considerado. Para un conjunto de especies de portadores, se puede escribir de forma general:
j = Σk nk qk vk
En esta expresión nk es la densidad numérica de la especie k (número de partículas por unidad de volumen), qk su carga eléctrica y vk la velocidad media de deriva (o arrastre). La suma recorre todas las especies: electrones, huecos, iones positivos y negativos, etc.
Si en una región la distribución es homogénea, el vector j es prácticamente constante, como ocurre con buena aproximación en un tramo de cable metálico recto y de sección constante. En ese caso se mantiene la relación I = ∥j∥ A, y el cálculo se simplifica enormemente.
Densidad de corriente y densidad de carga
Es importante distinguir entre densidad de corriente j y densidad de carga ρ. La densidad de carga ρ (en C/m3) mide cuánta carga neta hay por unidad de volumen, mientras que la densidad de corriente mide cómo se mueve esa carga. Aunque están relacionadas, pueden darse cuatro situaciones típicas:
- ρ = 0 y j = 0: vacío perfecto o interior de un conductor en equilibrio, con cargas positivas y negativas compensadas y en promedio inmóviles.
- ρ ≠ 0 y j = 0: distribución de carga estática, como en muchos problemas de electrostática.
- ρ = 0 y j ≠ 0: caso habitual en conductores metálicos o disoluciones donde hay tantas cargas positivas como negativas, pero se mueven de forma coordinada.
- ρ ≠ 0 y j ≠ 0: situación general en plasmas o distribuciones de carga descompensadas en movimiento.
En un modelo continuo sencillo, cuando todas las cargas se mueven con una misma velocidad v, se puede deducir también que:
j = ρ v
Esta forma j = ρ v aporta una visión muy intuitiva: si doblamos la cantidad de carga neta por unidad de volumen o duplicamos su velocidad media, la densidad de corriente se multiplica por dos.
Intensidad de corriente y relación con la densidad

La intensidad de corriente I es la medida global de cuánta carga atraviesa una superficie por unidad de tiempo. Aunque muchas veces se la dibuja con una flecha en un circuito, no es un vector en el espacio (no hace falta asociarla a una dirección espacial concreta), mientras que la densidad de corriente sí lo es.
Matemáticamente, la relación entre la densidad de corriente j y la intensidad I que cruza una superficie S viene dada por el flujo:
I = ∫S j · dS
Aquí dS es el vector diferencial de superficie, cuya dirección es la del vector normal a la superficie y cuyo sentido elegimos por convenio. Si el resultado de la integral es positivo, las cargas positivas se mueven en el mismo sentido que la normal; si sale negativo, la corriente efectiva va en sentido contrario.
La unidad de I en el Sistema Internacional es el amperio (A), que se define a partir del culombio como 1 A = 1 C/s. En la práctica, corrientes de orden de miliamperios son típicas en electrónica, de varios amperios en instalaciones domésticas y de kiloamperios en líneas de alta tensión.
Densidad de corriente uniforme en un conductor
Si en un conductor de sección constante la densidad de corriente es aproximadamente uniforme, el cálculo se simplifica a:
I = ∥j∥ S0
siendo S0 el área de la sección transversal del cable. A partir de aquí se ve enseguida que, a igual intensidad I, un cable más fino (menor S0) soporta una densidad de corriente mayor, se calienta más y está más cerca de su límite térmico.
Velocidad de arrastre y modelo microscópico en metales
En un alambre metálico neutro aislado, los electrones se mueven en todas direcciones aleatoriamente, chocando con la red cristalina y con otras imperfecciones. En esa situación no hay corriente neta, porque el flujo de carga en un sentido se compensa con el del otro.
Cuando conectamos el conductor a una batería o fuente de tensión, aparece un campo eléctrico interno que produce una ligera aceleración promedio de los electrones en una dirección preferente. Aunque siguen colisionando y zigzagueando, ahora su movimiento tiene un pequeño componente sistemático. A esa velocidad media neta se la llama velocidad de arrastre o de deriva vd.
Se puede ver de manera sencilla con un cálculo de volumen y carga: en un tiempo dt, cada portador recorre, de media, una distancia vd · dt, de modo que el volumen atravesado por la sección A del conductor es V = A · vd · dt. Si hay n portadores de carga por unidad de volumen, el número de portadores que cruzan la sección en ese tiempo es n · V, y la carga asociada será dQ = n · q · A · vd · dt.
La corriente instantánea es I = dQ/dt, así que obtenemos:
I = n · q · A · vd
y dividiendo entre A llegamos a la expresión microscópica de la densidad de corriente:
J = n · q · vd
Cuando la carga q es positiva, vd, J y el campo eléctrico E apuntan en la misma dirección. Si los portadores son electrones (q negativa), vd va en sentido opuesto a E, pero la densidad de corriente J sigue alineada con el campo eléctrico, lo que justifica de nuevo la conveniencia de considerar el movimiento de cargas positivas equivalentes.
La velocidad de arrastre típica en un cable de cobre con densidades de corriente industriales puede ser sorprendentemente pequeña, del orden de milímetros por segundo o incluso menos. Cada electrón se mueve a gran rapidez en su movimiento térmico, pero su avance neto es muy lento. Sin embargo, el establecimiento del campo eléctrico se propaga casi a la velocidad de la luz, por lo que las lámparas se encienden prácticamente de inmediato aunque los electrones concretos tarden mucho en recorrer el circuito.
Conductividad, fuerza de rozamiento y ley de Ohm local
El modelo de Drude-Lorentz propone que los electrones de conducción se mueven en el metal sometidos a dos tipos de fuerzas principales: la fuerza debida al campo eléctrico Fe = q E y una fuerza de tipo disipativo o de «rozamiento» con la red cristalina, proporcional a la velocidad de deriva:
Fd = α · vd
En régimen estacionario, la velocidad de arrastre es constante y la suma de fuerzas sobre cada portador se hace cero: qE − α vd = 0. Despejando la velocidad de deriva se obtiene una relación directa entre vd y el campo eléctrico E.
Si sustituimos esa velocidad en la expresión J = n q vd, se llega a:
J = (n q2 / α) E
Las constantes n, q y α se engloban en una sola magnitud llamada conductividad σ, que caracteriza al material. Así se obtiene la ley de Ohm en forma local o microscópica:
J = σ E
La conductividad eléctrica σ mide lo fácil que es para un material conducir la corriente. En el SI se expresa en S/m (siemens por metro), equivalente a A/(V·m). Un material con σ elevada, como el cobre, la plata o el grafeno, requiere campos eléctricos pequeños para producir densidades de corriente importantes. Otros materiales, con baja conductividad, ofrecen mucha más resistencia al paso de la corriente.
No todos los materiales cumplen estrictamente la relación J = σ E con σ constante, especialmente cuando la temperatura cambia mucho o se alcanzan campos intensos. Los que sí se ajustan razonablemente bien se denominan materiales óhmicos.
Densidad de corriente volumétrica y superficial
Hasta ahora hemos tratado la densidad de corriente volumétrica, que se reparte por todo el volumen del conductor y se mide en A/m2. En muchos conductores macizos esta es la descripción adecuada, pero en ciertas situaciones la corriente se concentra muy cerca de la superficie, en una capa de espesor muy pequeño.
Cuando la corriente se restringe prácticamente a una zona superficial del conductor, como ocurre con el efecto pelicular o efecto piel en corrientes alternas de alta frecuencia, se emplea la densidad de corriente superficial K, que es también un vector pero tiene unidades de A/m.
En una lámina conductora muy fina o en un conductor donde la corriente solo fluye por la superficie, la relación con la intensidad viene dada por:
I = K · L
siendo L la longitud transversal atravesada por la corriente. De forma equivalente, K = I / L. Conceptualmente, es análogo a la densidad volumétrica pero trasladado de áreas a longitudes, porque asumimos que el grosor efectivo en el que circula la corriente es despreciable.
Una forma pedagógica de visualizar J y K es imaginar varillas finas que representan «líneas de corriente». Si cada varilla conduce una pequeña corriente fija (por ejemplo, 1 mA), al introducir N varillas dentro de la sección de un anillo de área A, se estaría simulando una densidad de corriente volumétrica aproximada J ≈ (N · 1 mA)/A. De manera análoga, colocando varillas sobre una superficie plana y cortándolas con una regla de longitud L, la densidad superficial aproximada sería K ≈ (N · 1 mA)/L.
Conservación de la carga y corrientes estacionarias
La interacción eléctrica respeta una ley básica: la carga eléctrica total se conserva. La cantidad de carga contenida en un volumen puede aumentar o disminuir solo porque entra o sale carga a través de su superficie, nunca porque se cree o destruya de la nada.
Esta idea se plasma en la ecuación de continuidad macroscópica, que relaciona la variación temporal de la carga con el flujo de densidad de corriente a través de una superficie cerrada S que encierra un volumen v:
dQ/dt = − ∮S j · dS
Aquí Q(t) es la carga total dentro del volumen v. El signo negativo indica que si el flujo neto de corriente sale del volumen (flujo positivo hacia afuera), la carga interna disminuye. Es una forma de contabilidad: lo que se pierde dentro es justo lo que sale por la superficie.
En términos locales, la ecuación de continuidad se suele escribir como:
∂ρ/∂t + ∇ · j = 0
Cuando la situación es estacionaria, la carga total contenida en cualquier volumen no cambia, es decir, dQ/dt = 0. En ese caso, el flujo neto de la densidad de corriente a través de cualquier superficie cerrada es nulo, lo que refleja que lo que entra por un sitio sale por otro.
Aplicación a circuitos: corriente en serie, nodos y condensadores
Conservación de la corriente en un mismo conductor
En un conductor por el que circula una corriente estacionaria, todas las secciones transversales comparten la misma intensidad I, aunque el material o la sección cambien a lo largo de su longitud. Si rodeamos una parte del conductor con una superficie cerrada que lo corta en dos secciones S1 y S2, la integral de j · dS sobre toda la superficie debe ser cero en régimen estacionario.
Esto lleva directamente a que el flujo que entra por S1 es igual al flujo que sale por S2, es decir, I1 = I2. Traducido a lenguaje de circuitos: en una serie de elementos en serie, la intensidad de corriente es la misma en todos ellos. Si la sección del conductor varía, lo que cambia es la densidad de corriente: será mayor donde la sección sea menor, manteniéndose constante el producto J · A.
Ley de nodos de Kirchhoff
En un nodo de un circuito se conectan varias ramas por las que pueden entrar o salir corrientes. Si rodeamos el nodo con una superficie cerrada, las secciones de corte con cada rama serán S1, S2, …, Sn. En régimen estacionario, el flujo total de j hacia fuera de la superficie debe anularse, lo que se traduce en:
Σ Ik = 0 (tomando positivas las corrientes que salen del nodo)
Si separamos las corrientes en las que llegan y las que salen, se obtiene la forma habitual de la primera ley de Kirchhoff o ley de nodos:
La suma de las corrientes que entran en el nodo es igual a la suma de las corrientes que salen.
Esta ley es una consecuencia directa de la conservación de la carga. Si a un nodo entra una corriente I0 y salen dos corrientes I1 e I2, necesariamente se cumple I0 = I1 + I2. Aplicado a ramas en paralelo, esto significa que la corriente total que entra en la asociación es la suma de las corrientes individuales de cada rama.
Condensador real y componentes resistiva y capacitiva
Un condensador real no es un dieléctrico perfecto: el material entre placas permite cierto paso de corriente de fuga. En ese caso debemos considerar simultáneamente la variación de la carga en las placas y la corriente que se escapa a través del dieléctrico.
Si rodeamos la placa positiva con una superficie S, la ecuación de conservación de la carga nos indica que el flujo de densidad de corriente hacia fuera se relaciona con la variación de la carga almacenada. Llamando I a la corriente que llega por el cable a la placa e If a la corriente de fuga que atraviesa el dieléctrico, la ley de conservación se puede expresar esquemáticamente como:
I = dQ/dt + If
La parte de la corriente que modifica la carga de las placas forma la componente capacitiva, mientras que If es la componente resistiva asociada a las pérdidas en el dieléctrico. De este esquema se desprenden tres situaciones importantes:
- Corriente continua y tensión constante: si la diferencia de potencial entre las placas no varía con el tiempo, la carga almacenada Q es constante y dQ/dt = 0, por lo que I = If. Toda la corriente que llega se fuga a través del material, y el condensador se comporta como una resistencia pura.
- Condensador ideal: si suponemos un dieléctrico perfecto, If = 0 y se cumple I = dQ/dt. Toda la corriente se emplea en cargar o descargar el condensador.
- Descarga con el cable abierto: si desconectamos la fuente y no llega corriente por el cable (I = 0), la ecuación queda 0 = dQ/dt + If. La carga almacenada disminuye a medida que la corriente de fuga la hace escapar a través del dieléctrico, y el condensador se va descargando con el tiempo.
Densidad de corriente y campos magnéticos en conductores
La densidad de corriente no solo se relaciona con campos eléctricos, también determina el campo magnético generado. En un hilo conductor recto por el que circula una corriente uniforme, el campo magnético B en su interior y en el exterior depende de cómo se distribuya la corriente en la sección.
Si la densidad de corriente J es uniforme en un hilo cilíndrico de radio R, el campo magnético dentro del conductor, a una distancia r del eje con r ≤ R, viene dado por:
B = μ0 J r / 2
donde μ0 es la permeabilidad del vacío. Usando la relación J = I / (πR2), se puede reescribir como:
B = μ0 r I / (2πR2)
Al llegar a la superficie del hilo (r = R), el campo toma el valor:
B = μ0 I / (2πR)
En el exterior (r > R), el campo magnético decrece con la distancia como:
B = μ0 I / (2πr)
Estas expresiones muestran que la densidad de corriente interna condiciona el perfil del campo magnético en el interior del conductor, algo relevante en aplicaciones de alta corriente, diseño de bobinas o estudio del efecto piel en conductores de alta frecuencia.
Densidad de corriente en formulaciones relativista y cuántica
En teoría de la relatividad especial, el espacio y el tiempo se tratan de forma unificada, por lo que las magnitudes físicas relevantes deben representarse como cuadrivectores para que sus componentes se transformen correctamente entre observadores inerciales distintos.
La densidad de corriente clásica j y la densidad de carga ρ se combinan en el cuadrivector densidad de corriente J, que se escribe como:
J = (ρc, j)
donde c es la velocidad de la luz, y j es el vector de densidad de corriente tridimensional. Esta construcción permite expresar las ecuaciones del electromagnetismo de forma covariante, con un mismo aspecto matemático en todos los sistemas de referencia inerciales.
En mecánica cuántica, aparece un concepto paralelo llamado corriente de probabilidad, que describe cómo fluye la densidad de probabilidad asociada a la función de onda Ψ. Para una partícula no relativista, la corriente de probabilidad j se define como:
j = (ħ / 2mi) (Ψ* ∇Ψ − Ψ ∇Ψ*)
equivalente a j = (ħ/m) Im(Ψ* ∇Ψ), donde ħ es la constante de Planck reducida, m la masa de la partícula, Ψ* el complejo conjugado de la función de onda e Im indica la parte imaginaria. Esta corriente satisface una ecuación de continuidad análoga a la de la carga:
∂ρ/∂t + ∇ · j = 0
siendo ahora ρ = |Ψ|2 la densidad de probabilidad, es decir, la probabilidad por unidad de volumen de encontrar la partícula en un punto. Aunque se trata de «probabilidad» en lugar de carga eléctrica, el paralelismo matemático con la densidad de corriente clásica es evidente.
Tabla básica de símbolos relacionados con la densidad de corriente
En electromagnetismo se utilizan de forma sistemática ciertos símbolos para describir corrientes y portadores. Algunos de los más habituales son:
- I: intensidad de corriente eléctrica, en amperios (A).
- j o J: vector densidad de corriente, en A/m2.
- S: superficie o sección transversal, en m2.
- ni: densidad de volumen del portador i, en m−3.
- qi: carga eléctrica del portador i, en culombios (C).
- vi: velocidad media de la especie i, en m/s.
También es habitual la relación integral I = ∫S j · dS, que enlaza la descripción local (densidad de corriente) con la descripción global del circuito (intensidad). Cuando la densidad de corriente es uniforme, basta con multiplicar su módulo por el área para obtener la corriente total.
La densidad de corriente, tanto volumétrica como superficial, enlaza la física microscópica de los portadores y los campos con fenómenos tan prácticos como el dimensionado de cables, la disipación de calor, el diseño de electrodos o la eficiencia de dispositivos electrónicos y electroquímicos; entenderla bien permite interpretar de forma unificada desde la ley de Ohm local hasta la ley de Kirchhoff para los nodos, pasando por la conservación de la carga, la generación de campos magnéticos y las formulaciones relativistas y cuánticas asociadas al movimiento de cargas y probabilidades.


