- Desarrollo de infraestructura de cómputo totalmente doméstica para evitar sanciones tecnológicas de EE.UU.
- Hitos en computación cuántica con el procesador Zuchongzhi-3, superando la velocidad de sistemas clásicos.
- Apuesta por la computación en el espacio mediante centros de datos orbitales para entrenar IAs.
La lucha por el dominio tecnológico global se ha convertido en una auténtica batalla campal, donde China y Estados Unidos se disputan el trono de la innovación. No se trata solo de quién hace el chip más rápido, sino de quién logra montar una infraestructura capaz de sostener la inteligencia artificial del futuro sin depender de nadie más.
El gigante asiático ha decidido jugar fuerte, lanzando proyectos que parecen sacados de una película de ciencia ficción. Desde máquinas que no usan ni un tornillo extranjero hasta centros de datos orbitando la Tierra, el objetivo es claro: blindar su soberanía técnica y dejar de mirar hacia Silicon Valley para obtener componentes críticos.
Independencia total: El Central Intelligent Computing Center
China Telecom ha dado un golpe sobre la mesa presentando el Central Intelligent Computing Center. Aunque no es la primera vez que el país monta un superordenador, este caso es especial porque no contiene tecnología extranjera. Se ha diseñado específicamente para el entrenamiento de modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM), que son los cerebros detrás de las IAs más complejas.
Este movimiento no es casualidad. Mientras el Gobierno de EE.UU. intenta bloquear el acceso de China a los servicios en la nube de gigantes como Amazon, Microsoft o Google, Pekín responde creando su propio ecosistema. Es una jugada maestra para evitar que las sanciones estadounidenses frenen su avance en la IA.
Ciertamente, China Telecom se ha guardado algunos ases bajo la manga y no ha soltado todos los datos técnicos. No sabemos con certeza qué procesadores llevan dentro, aunque se especula con los chips Zhaoxin KaiSheng KH-40000 o las CPUs de 32 núcleos de Loongson. Además, el secretismo sobre su potencia real de cálculo es habitual en el país, evitando dar cifras exactas a la clasificación TOP500.
El salto cuántico: Zuchongzhi-3
Si el hardware clásico es importante, la computación cuántica es donde China quiere dar el zarpazo definitivo. Científicos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China (USTC) han desarrollado el Zuchongzhi-3, un procesador cuántico superconductivo que deja en ridículo a cualquier máquina tradicional.
Para que nos entendamos, este equipo afirma haber alcanzado una velocidad 15 órdenes de magnitud superior a la del superordenador más potente del mundo. En una prueba de muestreo de circuitos aleatorios (RCS), el Zuchongzhi-3 ha logrado resultados que el superordenador Frontier tardaría casi 6.000 millones de años en replicar. ¡Una auténtica locura!
Este avance se basa en optimizar el cableado y la fabricación del chip, superando incluso los hitos recientes de Google. Esta capacidad de procesamiento masivo abrirá puertas en campos críticos como el descubrimiento de fármacos y la optimización de la inteligencia artificial, consolidando el liderazgo chino en la era de los cúbits.
El desafío de los Exaflops y el Proyecto Lingshen
China también tiene la mira puesta en los 2 exaflops (dos trillones de operaciones por segundo) mediante el Proyecto Lingshen. Lo curioso es que pretenden lograrlo sin utilizar GPUs, basándose únicamente en CPUs propias. Es un desafío técnico brutal, ya que quieren competir contra «El Capitán» de EE.UU., que sí utiliza aceleradores gráficos integrados de AMD.
El plan consiste en desplegar unas 47.000 CPUs en 92 armarios de cómputo, apoyándose en servidores Huawei Kunpeng con arquitectura ARM. Sin embargo, aquí es donde la cosa se pone difícil: China no dispone actualmente de CPUs x86 lo suficientemente potentes y modernas, ya que sus licencias antiguas de AMD quedaron obsoletas hace años. El proyecto es viable sobre el papel, pero ejecutarlo sin componentes externos es un riesgo enorme.
Supercomputación en la órbita terrestre
La carrera ya no es solo en tierra firme, sino que ha saltado al espacio. El Instituto de Tecnología Informática (ICT) de Pekín está trabajando en un centro de datos de IA orbital que incluiría 10.000 tarjetas de computación. La idea es sacar el consumo energético y la contaminación de la Tierra, aprovechando la energía solar en el vacío.
En este campo, China compite con visionarios como Elon Musk y Jeff Bezos. Mientras Starcloud (respaldada por Nvidia) ya ha entrenado el modelo NanoGPT en el espacio, China ha desplegado una constelación de 12 satélites a través de Guoxing Aerospace y Zhejiang Lab. Este sistema ya ofrece aplicaciones comerciales y sienta las bases para un superordenador espacial plenamente operativo hacia la década de 2030.
Zhongke Tiansuan también ha aportado su granito de arena con un ordenador espacial que ha resistido más de mil días en órbita, superando los retos de la microgravedad y la radiación solar. Esta infraestructura orbital no solo es un alarde de músculo técnico, sino que promete ser diez veces más eficiente energéticamente que los centros de datos terrestres.
La trayectoria de China muestra una determinación férrea por romper las cadenas de la dependencia tecnológica externa. Desde el despliegue de hardware 100% nacional y la velocidad vertiginosa de sus procesadores cuánticos, hasta la ambición de procesar datos en el espacio, el país asiático está construyendo un ecosistema informático capaz de resistir cualquier bloqueo y de liderar la próxima revolución digital.
