- El virus de gripe aviar altamente patogénica H5N1 se ha establecido en la Antártida, con detecciones continuadas en aves y mamíferos marinos.
- Programas de vigilancia de Chile y España combinan muestreos de campo, PCR en tiempo real y secuenciación para seguir la expansión del virus.
- La circulación de H5N1 en colonias de pingüinos aparentemente sanas y en diversas especies de focas y lobos marinos plantea importantes incógnitas ecológicas.
- La vigilancia coordinada y las medidas de bioseguridad buscan proteger tanto a la fauna antártica como a las personas que visitan o trabajan en la región.
La aparición continuada de la gripe aviar altamente patogénica H5N1 en la Antártida ha dejado de ser una mera curiosidad científica para convertirse en un tema clave de salud ambiental global. En apenas unas temporadas, el virus ha pasado de no detectarse en el continente blanco a confirmarse de forma reiterada en aves y mamíferos marinos, con campañas de vigilancia cada vez más sofisticadas impulsadas por instituciones chilenas, españolas e internacionales.
Hoy sabemos que la llamada de forma coloquial “gripe antártica” es, en realidad, la expansión del HPAI H5N1 a uno de los ecosistemas más remotos del planeta. Ese avance está siendo documentado con un nivel de detalle sin precedentes: muestreos en bases científicas, velero-laboratorio con PCR en tiempo real, secuenciación genética a bordo y monitoreo de colonias de pingüinos, lobos finos, focas y aves marinas. Todo ello dibuja un escenario complejo, con cambios rápidos entre temporadas y muchas preguntas abiertas sobre la posible adaptación del virus a nuevas especies.
Qué es la gripe aviar y por qué preocupa en la Antártida
La influenza o gripe aviar es un conjunto de virus que circulan de forma natural en aves silvestres, especialmente en acuáticas y marinas. Muchas variantes son de baja patogenicidad y apenas causan síntomas, pero algunas, como el subtipo H5N1 altamente patogénico (HPAI), provocan cuadros graves y elevadas mortalidades en aves e incluso en mamíferos.
Este subtipo HPAI H5N1 surgió y se consolidó inicialmente en aves de corral, donde las condiciones de alta densidad favorecen mutaciones y saltos de especie. En los últimos años se ha ido adaptando a las poblaciones salvajes, expandiéndose por Europa, Asia, África y América con episodios de mortalidad masiva en aves marinas y brotes cada vez más frecuentes en mamíferos.
Desde 2020, la ola global de H5N1 ha alcanzado una escala sin precedentes, con muertes de aves y mamíferos marinos en múltiples costas del planeta. En 2022 se confirmó su llegada a Sudamérica y, desde entonces, los equipos científicos asumían que era solo cuestión de tiempo que el virus irrumpiera en las rutas migratorias que conectan ese continente con la Antártida.
La gran preocupación es doble: por un lado, el impacto sobre la fauna antártica, formada por especies muy especializadas y vulnerables; por otro, el hecho de que la presencia mantenida del virus en mamíferos (como focas o lobos marinos) pueda favorecer adaptaciones que, en teoría, acerquen el riesgo de transmisión eficiente a humanos.
Cómo llega el H5N1 hasta el continente blanco
La propagación del virus hacia el sur se entiende mejor si miramos las rutas migratorias de aves marinas y costeras. Durante el verano austral, muchas especies que se han expuesto a H5N1 en otras regiones viajan a aguas antárticas para reproducirse o alimentarse intensivamente.
Informes recientes ya habían advertido que la vía más probable de entrada del H5N1 en la Antártida sería desde Sudamérica, transportado por especies oportunistas como gaviotas o skúas (págalos). Estas aves se mueven entre colonias, comparten zonas de alimentación y, además, carroñean cadáveres de otros animales, lo que incrementa la probabilidad de transmisión.
Una vez en las colonias antárticas, los individuos infectados diseminan el virus mediante saliva, secreciones respiratorias y heces. Esa mezcla de rutas de contagio hace que otros pájaros y mamíferos marinos, incluidos pingüinos, focas y lobos finos, puedan infectarse tanto por contacto directo como por exposición ambiental.
Ya se ha visto en otros puntos del planeta que focas y otros mamíferos marinos pueden sufrir brotes mortales asociados a HPAI. Desde 2022, por ejemplo, se han descrito episodios de mortalidad inusualmente alta en focas de las costas de Estados Unidos y Canadá, vinculados a H5N1. La Antártida, pese a su aislamiento, no es inmune a este tipo de procesos una vez que el virus entra en su red ecológica.
La vigilancia chilena: tres años seguidos detectando influenza en la Antártida
El Instituto Antártico Chileno (INACH) y la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias (Favet) de la Universidad de Chile lideran un programa de vigilancia de influenza aviar altamente patogénica (HPAI) en el territorio antártico que ya acumula varias temporadas seguidas de trabajo intensivo.
En la campaña 2025-2026, coordinada por Marcelo González (INACH) y Víctor Neira (Favet), se ha confirmado de nuevo la presencia de H5N1 en la Antártida, marcando el tercer año consecutivo con detecciones asociadas a mortalidad en aves y mamíferos marinos. El equipo opera principalmente desde la Base Escudero, la Base O’Higgins y el buque Betanzos, donde han incorporado diagnóstico molecular en tiempo real para ganar rapidez en las decisiones de campo.
En la Base O’Higgins, los investigadores han muestreado islas cercanas y han localizado ejemplares muertos sospechosos, incluyendo pingüinos papúa y lobos finos antárticos. Hasta la fecha del último informe, se han confirmado dos casos compatibles con HPAI H5N1 en lobo fino, mientras que otros cadáveres y muestras continúan en evaluación o proceso de confirmación.
Desde el componente del Buque Betanzos, que recorre puntos estratégicos de la Península Antártica, también se ha detectado el virus en un cormorán antártico en Bahía Margarita. En paralelo, en la Base Escudero se han llevado a cabo recorridos sistemáticos por varios sectores de la Isla Rey Jorge, registrando aves marinas y pingüinos muertos considerados sospechosos, aunque por ahora sin casos positivos confirmados en ese punto.
En conjunto, este programa chileno se centra en la detección temprana de mortalidades inusuales y el muestreo de individuos con signos compatibles con infección, complementado con vigilancia en poblaciones aparentemente sanas para captar circulación silenciosa del virus.
Un patrón cambiante temporada a temporada
El seguimiento continuado ha permitido reconstruir la evolución de la influenza aviar en la Antártida durante la última década. INACH y otros grupos del Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN) llevan más de diez años estudiando la presencia de virus influenza en la región.
En 2014 se notificó la primera detección de un virus influenza en Antártida (H11N2), a la que siguieron hallazgos de gripe H5N5 de baja patogenicidad en años posteriores. Estas variantes no despertaron tanta alarma como el H5N1 de alta patogenicidad, pero fueron una señal de que los virus de la gripe ya circulaban, aunque de manera limitada, en el ecosistema antártico.
Con la llegada del H5N1 altamente patogénico al Cono Sur en 2022, aumentó la preocupación por una posible introducción del virus en el continente blanco. Ese escenario se materializó en la temporada austral 2023-2024, cuando se confirmó por primera vez la presencia de HPAI H5N1 en la Antártida.
Los datos chilenos apuntan a un patrón dinámico de detecciones a lo largo de las temporadas. En el verano 2022-2023 no se encontró evidencia de influenza aviar en la Antártida. En 2023-2024, las detecciones se produjeron hacia el final de la temporada, centradas sobre todo en skuas pardas. En 2024-2025, el virus apareció antes en la campaña, se siguieron registrando numerosos casos en skuas y se sumaron las primeras infecciones confirmadas en lobo fino antártico.
Durante la temporada 2025-2026, se han observado menos casos que el año anterior, pero proporcionalmente una mayor frecuencia relativa de mortalidad en lobos finos. Si este patrón se confirma con el análisis completo de las muestras, podría tener implicaciones relevantes para entender la dinámica de transmisión entre especies, el impacto sobre comunidades clave del ecosistema y la evolución del virus en un ambiente tan extremo como el antártico.
La secuenciación genética de los virus detectados es una pieza central de este trabajo. Las muestras positivas se analizan para determinar su origen, la diversidad de variantes circulantes y posibles cambios asociados a la adaptación a nuevas especies o condiciones ambientales.
La gran campaña española: expedición CSIC‑UNESPA
En paralelo a los esfuerzos chilenos, un consorcio internacional liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha desarrollado varias expediciones a bordo del velero Australis y de buques antárticos españoles, con el objetivo de trazar un mapa detallado de la dispersión de HPAI H5N1 en la península antártica y el mar de Weddell.
La expedición científica CSIC‑UNESPA, financiada por alrededor de un centenar de aseguradoras agrupadas en UNESPA, ha recorrido durante seis semanas, entre enero y febrero, la península antártica occidental y el mar de Weddell. Al frente del proyecto se encuentra el virólogo Antonio Alcamí, investigador del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBMSO CSIC‑UAM).
Esta campaña ha ofrecido el informe más completo hasta la fecha sobre la presencia de H5N1 en la Antártida. Los resultados muestran detecciones del virus en 188 animales de 13 especies diferentes, muestreados en 24 localizaciones distintas. Entre las aves afectadas se incluyen pingüinos de Adelia, barbijo y papúa, cormoranes antárticos, gaviotas y skuas, mientras que entre los mamíferos se han encontrado casos en lobo antártico y en focas cangrejera, de Weddell y leopardo.
La expedición ha muestreado tanto individuos vivos como cadáveres. En estos últimos, el virus se ha detectado en aproximadamente el 50 % de los ejemplares analizados, con cargas virales muy altas, lo que se traduce en un riesgo elevado de exposición para otros animales —y para personas— que se aproximen a esas zonas con restos.
Alcamí y su equipo destacan que, en el análisis de ejemplares vivos, han podido validar el muestreo de aire como herramienta eficaz para detectar el virus sin necesidad de manipular directamente a los animales. Esta técnica, basada en bombas conectadas a filtros de nanofibras desarrollados por el CSIC, permite tomar muestras del ambiente en colonias de pingüinos y, mediante PCR específica, confirmar la presencia del patógeno.
Metodología: PCR, secuenciación y laboratorio a bordo
Uno de los puntos más llamativos de estas campañas es la instalación de laboratorios de diagnóstico molecular en pleno entorno antártico. En el velero Australis, usado por la CSIC‑UNESPA Antarctic Expedition, se ha montado un laboratorio de PCR en tiempo real y secuenciación que permite diagnosticar el virus en cuestión de horas.
Durante la expedición se han muestreado 27 localizaciones diferentes de la Antártida, se han registrado más de 1.300 animales, recogido más de 3.000 muestras y realizado pruebas PCR en 745 ejemplares. De los casos positivos de HPAI detectados, al menos 70 se han confirmado mediante secuenciación, analizando la región de corte de la proteasa que define la alta patogenicidad del virus.
El protocolo comprende la toma de hisopos para PCR específica frente a los genes M (gripe A) y H5, seguida de secuenciación usando tecnologías como Oxford Nanopore. Esta combinación aporta una certeza del 100 % en la identificación de HPAI H5N1 y permite estudiar la relación filogenética entre los virus hallados en la Antártida y los que circulan en otras regiones.
El velero Australis, además de su capacidad de navegación en zonas de difícil acceso, se ha convertido en una plataforma científica móvil que evita depender exclusivamente de laboratorios en bases fijas. Las muestras se obtienen bajo estrictos protocolos de bioseguridad, reduciendo riesgos de contagio tanto para el personal como para la fauna.
Para facilitar toda esta logística, el proyecto cuenta con el apoyo del Comité Polar Español, la Unidad de Tecnología Marina, la Base Antártica Española Juan Carlos I y el buque de investigación oceanográfica Hespérides para transporte de equipos y materiales. La Fundación General CSIC ha jugado un papel clave para conseguir el acceso al velero y otros recursos esenciales.
Fauna afectada: skuas, pingüinos, focas y lobos marinos
Los datos combinados de Chile y España dibujan un panorama en el que el HPAI H5N1 está ampliamente extendido a lo largo de la península antártica, afectando a prácticamente todas las especies analizadas. En algunos lugares, como Tay Head (isla Joinville), la prevalencia del virus en focas cangrejeras es especialmente alta.
Entre las aves, las skuas parecen ser una de las especies más vulnerables. Equipos científicos han descrito escenas con «cadáveres por todas partes» en colonias de estas aves carroñeras, y no se descarta que, si la mortalidad se mantiene, puedan producirse descensos muy acusados de sus poblaciones.
Los pingüinos de Adelia, barbijo y papúa también han dado positivo en diversos puntos de la península y las islas Shetland del Sur. Lo llamativo es que, en muchas colonias, el virus se ha detectado en individuos vivos sin signos clínicos evidentes, lo que sugiere una circulación “silenciosa” de H5N1 en poblaciones aparentemente sanas.
Esta situación abre la puerta a dos hipótesis principales: que los pingüinos hayan desarrollado cierta inmunidad protectora tras exposiciones previas, o bien que, por características propias de la especie, sean menos susceptibles a desarrollar cuadros graves, aun estando infectados.
En el lado de los mamíferos, las focas cangrejeras, de Weddell y leopardo, así como el lobo antártico y el lobo fino antártico, han registrado infecciones confirmadas, algunas con mortalidad importante. En temporadas anteriores también se detectó por primera vez el virus en un elefante marino, lo que supuso el primer caso confirmado en un gran mamífero marino antártico, aunque en las campañas más recientes los elefantes muestreados no han dado positivo.
El impacto total de esta “gripe antártica” sobre las poblaciones de fauna aún es difícil de cuantificar. Los propios investigadores señalan que el efecto real puede ser mucho mayor que lo que se observa directamente, ya que una parte de los animales muertos desaparece o no llega a ser muestreada, y muchos individuos infectados podrían no mostrar síntomas severos.
Riesgos para las personas y medidas de prevención
La pregunta inevitable es si esta influenza aviar altamente patogénica supone un peligro inmediato para los humanos. Según la Organización Mundial de la Salud y los datos acumulados, los virus de la gripe aviar raramente infectan a personas y, cuando lo hacen, suele ser en trabajadores avícolas u otros profesionales que mantienen un contacto muy estrecho y continuado con aves infectadas.
En el contexto antártico, los riesgos para turistas y personal científico se consideran bajos pero no inexistentes. El principal peligro reside en la manipulación directa de animales enfermos o muertos y en la exposición a ambientes altamente contaminados por secreciones o excrementos.
Precisamente por eso, uno de los objetivos de la expedición CSIC‑UNESPA y de los programas nacionales polares es proporcionar información actualizada a bases y buques turísticos, de manera que puedan ajustar sus protocolos para reducir al mínimo la posibilidad de transmisión por vía humana y, sobre todo, evitar que las personas actúen como vectores llevando el virus de una colonia a otra.
Entre las medidas recomendadas se incluyen el uso de equipos de protección adecuados en tareas de muestreo, la restricción de acceso a zonas con mortalidad elevada, la desinfección rigurosa de calzado y material, y la limitación de la manipulación de animales y cadáveres sin entrenamiento específico.
En paralelo, la vigilancia epidemiológica y la secuenciación continua de las variantes circulantes permiten vigilar de cerca cualquier cambio en el virus que pudiera indicar una mayor afinidad por mamíferos —incluidos humanos— o una mayor capacidad de transmisión entre ellos.
Un esfuerzo internacional a largo plazo
Detrás de todo este despliegue hay una amplia red internacional de instituciones de investigación. En el lado chileno, el INACH, Favet y el PROCIEN coordinan un esfuerzo de más de una década en vigilancia de influenza A en el territorio antártico, con equipos formados por investigadores, doctorandos y estudiantes de grado que rotan por bases y buques de apoyo.
En el ámbito español e internacional, el proyecto liderado por el CSIC cuenta con la participación del CBMSO (CSIC‑UAM), el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN‑CSIC) a través del proyecto PERPANTAR sobre ecología de pingüinos, y colaboraciones con la Universidad de São Paulo (Brasil), el Instituto de Mamíferos Acuáticos (Brasil), el Karen C. Drayer Wildlife Health Center de la Universidad de California‑Davis (EE. UU.) y la empresa australiana Ocean Expeditions, entre otros.
Las campañas anteriores ya habían permitido, por ejemplo, confirmar en 2024 la presencia de H5N1 de alta patogenicidad en la península antártica y documentar altos niveles de mortalidad en skuas. Ese mismo año se reportó el primer caso en un mamífero marino, un elefante marino muerto en la región, abriendo una nueva fase de preocupación sobre la expansión del virus en pinnípedos.
En 2025, los nuevos datos de la CSIC‑UNESPA Antarctic Expedition han ampliado de forma drástica el panorama: el virus está presente en al menos 24 localizaciones distintas repartidas por la península antártica y el mar de Weddell, afecta a la mayoría de especies muestreadas y se ha encontrado circulando entre pingüinos vivos asintomáticos.
La combinación de vigilancia a pie de campo, diagnóstico rápido, secuenciación y colaboración internacional convierte a estas campañas en una referencia mundial sobre cómo estudiar, casi en tiempo real, la evolución de una enfermedad emergente en un ecosistema remoto y frágil.
La confirmación de influenza aviar altamente patogénica en la Antártida durante tres años consecutivos y su detección en un abanico cada vez mayor de especies pone de relieve la necesidad de mantener una vigilancia sostenida y coordinada. Lo que está ocurriendo en el continente blanco no solo afecta a la conservación de su fauna, sino que también ofrece pistas valiosas sobre la capacidad del H5N1 para adaptarse a nuevos huéspedes y ambientes. Seguir de cerca esta “gripe antártica” es, en cierto modo, una forma de anticiparnos a posibles escenarios de riesgo global y de entender mejor cómo responden los ecosistemas más extremos del planeta ante una presión vírica sin precedentes.
