- El PERTE de descarbonización industrial moviliza miles de millones de euros para modernizar el sector manufacturero español.
- Se priorizan tecnologías como el hidrógeno verde, la electrificación de procesos y la captura de carbono para reducir emisiones.
- Existen diversas líneas de subvenciones y préstamos dirigidas especialmente a sectores intensivos como la química, la metalurgia y el cemento.
Cuando hablamos de descarbonización industrial, no nos referimos simplemente a cambiar un par de bombillas por unas LED, sino a un cambio de paradigma total en la forma en que fabricamos las cosas. Básicamente, se trata de limpiar los procesos productivos para dejar de soltar cantidades ingentes de CO2 y otros gases que están dejando el planeta hecho un cisco, alineándose así con los compromisos del Acuerdo de París y la transición energética global.
Para que esto no sea solo una declaración de intenciones, el Gobierno español ha puesto sobre la mesa el PERTE de descarbonización industrial. Es una herramienta potente que busca que las fábricas no se queden atrás en la transición ecológica y, de paso, que sigan siendo competitivas en un mercado global donde ser «verde» ya no es una opción, sino una necesidad para sobrevivir.
¿En qué consiste realmente el PERTE de descarbonización?
Este proyecto estratégico, aprobado a finales de 2022, tiene una ambición enorme. No solo se trata de gastar dinero, sino de movilizar una inversión total que podría llegar a los 11.800 millones de euros, de los cuales 3.100 millones vienen directamente de fondos públicos. El objetivo es que el sector manufacturero dé un salto cualitativo, mejorando su competitividad en un 10% y generando unos 8.000 puestos de trabajo cualificados.
En cuanto a los beneficios ambientales, la meta es ambiciosa: se estima que se podrían recortar 13 millones de toneladas de CO2 cada año. Para lograrlo, el plan se centra en varios pilares fundamentales:
- Hacer que los procesos de producción sean viables a largo plazo mediante la reducción de emisiones.
- Implementar sistemas de gestión energética y adoptar las mejores tecnologías disponibles para no malgastar ni un vatio.
- Reforzar la seguridad energética de España, reduciendo la dependencia del gas natural, que actualmente representa una parte crítica del consumo industrial.
- Impulsar el uso de fuentes renovables y fomentar la economía circular, aprovechando los residuos y subproductos para que nada se desperdicie.
Medidas transformadoras y ayudas disponibles
El PERTE no es un bloque monolítico, sino que se divide en cuatro ejes transformadores. Primero, encontramos las ayudas de actuación integral, que incluyen la electrificación de procesos y la integración del hidrógeno. Segundo, hay un apoyo específico para las empresas que forman parte del IPCEI sobre la cadena del hidrógeno renovable.
Además, se está estudiando la creación de un fondo para los contratos por diferencias de carbono y se han destinado fondos para levantar instalaciones industriales que sean, desde su diseño, altamente eficientes y libres de emisiones. Para que todo esto ruede, existen medidas facilitadoras como el Fondo de Carbono, apoyo del ICO y programas de I+D+i.
Si hablamos de números, la distribución es clara: la línea de actuación integral cuenta con 2.300 millones (repartidos entre préstamos y subvenciones), mientras que el hidrógeno tiene asignados 450 millones. Por otro lado, las instalaciones manufactureras eficientes disponen de 250 millones entre diversas modalidades de ayuda.
Sectores clave y retos del camino
No todas las industrias contaminan lo mismo, por eso el PERTE pone el foco en los sectores más «pesados». Hablamos de la fabricación de productos minerales (vidrio, cemento, cerámica), la industria química, la metalurgia, el refino de petróleo y la pasta de papel. También entran en juego las grandes plantas de combustión, especialmente en el sector de alimentación y bebidas.
Claro que esto no es coser y cantar. Los retos son considerables. El coste de las nuevas tecnologías puede asustar a algunas empresas, y a veces la infraestructura eléctrica actual no es suficiente para soportar una electrificación masiva. Además, hace falta que la normativa sea coherente y que los trabajadores se formen en nuevas capacidades para manejar estas herramientas limpias.
Estrategias técnicas para lograr la meta
Para descarbonizar de verdad, hay que atacar varios frentes a la vez. La eficiencia energética es el primer paso lógico: gastar menos para contaminar menos. Luego viene la sustitución de combustibles fósiles por energías renovables como la eólica o la solar. En aquellos casos donde la electricidad no llega o no es viable, el hidrógeno renovable se presenta como la solución estrella para la industria pesada.
Otras vías incluyen la captura y almacenamiento de carbono (CAC), que consiste en atrapar el CO2 antes de que salga a la atmósfera, y la apuesta por la economía circular, reduciendo la necesidad de extraer materias primas vírgenes. Todo esto debe ir acompañado de una colaboración internacional estrecha, ya que el clima no entiende de fronteras.
Mirando el panorama global, la Agencia Internacional de la Energía (IEA) advierte que, aunque hemos avanzado, el ritmo es demasiado lento. A pesar de que las emisiones industriales bajaron un 7% en 2023 debido a la crisis energética y la menor actividad, todavía estamos lejos de los objetivos de emisiones netas cero para 2050, lo que obliga a acelerar el despliegue de tecnologías de vanguardia.
La transformación de la industria española se apoya en una estructura de gobernanza liderada por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, coordinando la inversión pública y privada para que la transición hacia un modelo sostenible no solo sea un imperativo ecológico, sino un motor de crecimiento económico y modernización tecnológica para todo el país.

