- ESCAPADE enviará dos satélites gemelos para estudiar en 3D cómo el viento solar erosiona la atmósfera de Marte y modifica su magnetosfera.
- Los orbitadores Blue y Gold medirán partículas, campos magnéticos y plasma, mejorando lo logrado por misiones anteriores de una sola nave.
- La misión probará una ruta vía un punto de Lagrange y volará en el cohete reutilizable New Glenn, abriendo nuevas opciones para futuras misiones a Marte.
- Sus datos serán clave para entender la evolución climática marciana y reducir riesgos en la futura exploración humana del planeta rojo.

La misión ESCAPADE de la NASA se ha convertido en uno de los proyectos más llamativos para entender qué le ocurrió realmente a la atmósfera de Marte y cómo el viento solar ha ido moldeando su historia climática. Lejos de ser “otra sonda más”, apuesta por algo que nunca se había hecho en el planeta rojo: enviar dos orbitadores gemelos para observar, al mismo tiempo y desde lugares distintos, la compleja interacción entre el viento solar, el campo magnético marciano y el escape de su aire hacia el espacio.
Detrás de estas siglas —Escape and Plasma Acceleration and Dynamics Explorers— se esconde una misión relativamente pequeña en presupuesto, pero tremendamente ambiciosa en objetivos científicos y en innovación tecnológica. Con apenas dos naves del tamaño de una fotocopiadora, construidas por Rocket Lab y lanzadas a bordo del nuevo cohete New Glenn de Blue Origin, la NASA quiere responder a preguntas clave: cómo perdió Marte su atmósfera densa, por qué se secaron sus antiguos ríos y mares y qué implicaciones tiene todo esto para la futura exploración humana.
Qué es exactamente la misión ESCAPADE
ESCAPADE forma parte del programa de Exploradores de Heliofísica de la NASA y está diseñada como la primera misión científica orbital con varias naves espaciales operando de forma coordinada alrededor de Marte. Su nombre completo en español suele traducirse como “Exploradores de la Aceleración y Dinámica del Escape y el Plasma”, y resume muy bien su propósito: estudiar cómo el plasma y el campo magnético controlan la fuga de la atmósfera marciana.
El corazón del proyecto son dos pequeños satélites prácticamente idénticos, apodados Blue y Gold, en homenaje a los colores asociados a la Universidad de California en Berkeley, institución que lidera la misión a través de su Laboratorio de Ciencias Espaciales. Cada uno tiene un tamaño similar al de una fotocopiadora o un microondas grande, pero va cargado con instrumentos de alta precisión para medir partículas cargadas, campos magnéticos y propiedades del plasma alrededor de Marte.
La misión está gestionada científicamente por la Universidad de California en Berkeley, pero su desarrollo es el resultado de una colaboración muy amplia. Participan el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en el diseño de instrumentos clave, la Universidad Aeronáutica Embry-Riddle en sensores de plasma, la empresa Advanced Space en navegación y dinámica de vuelo, Rocket Lab como contratista principal de las sondas y Blue Origin como proveedor del cohete New Glenn para el lanzamiento interplanetario.
Desde el punto de vista científico, ESCAPADE busca medir, en tiempo casi real, cómo responde la magnetosfera marciana al bombardeo del viento solar, cómo se transfiere energía desde ese flujo de partículas hasta la atmósfera superior y qué mecanismos concretos expulsan iones y electrones hacia el espacio. Todo ello permitirá cuantificar de forma mucho más precisa la velocidad a la que Marte sigue perdiendo atmósfera hoy en día.
La misión no se limita a tomar “fotos bonitas” del planeta rojo; su objetivo es construir un mapa tridimensional dinámico del entorno plasmático de Marte. Gracias a sus dos orbitadores sincronizados, podrá registrar variaciones rápidas —de apenas unos minutos— y comparar regiones espaciales separadas por hasta unos 160 kilómetros, algo imposible con una sola nave en órbita.
Objetivos científicos: descifrar el escape atmosférico de Marte
Marte no siempre fue el desierto helado que vemos hoy. Abundantes evidencias geológicas —valles fluviales, cauces fósiles, depósitos sedimentarios y minerales que se forman en presencia de agua— indican que en el pasado contó con ríos, lagos e incluso mares extensos, protegidos por una atmósfera mucho más gruesa que la actual, probablemente capaz de mantener agua líquida en superficie durante largos periodos.
Hace unos 4.000 millones de años, el planeta perdió su campo magnético global, ese “escudo invisible” que en la Tierra nos protege del viento solar y de gran parte de la radiación procedente del Sol. Sin esa defensa, las partículas energéticas comenzaron a golpear directamente la atmósfera marciana, arrancando progresivamente sus moléculas y enviándolas al espacio. Hoy, la presión atmosférica en la superficie de Marte es inferior al 1 % de la terrestre.
ESCAPADE se centra precisamente en estudiar ese proceso de despojo atmosférico y en medir cómo el viento solar sigue empujando partículas fuera del planeta. Misiones anteriores como Mars Global Surveyor, MAVEN y la sonda Hope de Emiratos Árabes ya han aportado pistas valiosas, pero todas ellas lo han hecho con un único orbitador, obligado a recorrer diferentes regiones en momentos distintos. Esto deja “huecos” temporales y espaciales que dificultan reconstruir el sistema como un todo.
Con dos satélites funcionando en paralelo, ESCAPADE introducirá una auténtica “visión en estéreo” de Marte. Como explica el investigador principal Robert Lillis, disponer de dos puntos de vista simultáneos permitirá obtener una “perspectiva estereoscópica” de los fenómenos, observando cómo se desarrolla una tormenta de viento solar o un evento de escape atmosférico en varios sitios a la vez, casi como si se pasara de fotos sueltas a una película continua.
El propósito central es desentrañar cómo el viento solar impulsa los distintos tipos de escape atmosférico —por ejemplo, la pérdida de iones pesados, la erosión directa de la atmósfera por procesos de sputtering o la aceleración de partículas a lo largo de líneas de campo magnético— y qué peso tiene cada mecanismo en el balance global de pérdida de gases. Este “inventario” es fundamental para reconstruir la evolución climática de Marte a lo largo de miles de millones de años.
Instrumentos a bordo: dos laboratorios gemelos en miniatura
Cada uno de los satélites Blue y Gold lleva un conjunto de instrumentos casi idéntico, cuidadosamente seleccionado para capturar las variables clave del entorno espacial marciano. Aunque las naves son pequeñas, su paquete científico es muy completo y aprovecha tecnologías de detección de partículas y campos magnéticos de última generación.
Entre los instrumentos estrella se encuentran los analizadores electrostáticos desarrollados en la Universidad de California, Berkeley. Estos dispositivos son capaces de identificar qué tipo de partículas cargadas están presentes (iones y electrones), medir su energía y determinar desde qué dirección llegan o hacia dónde se dirigen. En la práctica, permiten saber si una partícula está escapando del planeta, si está cayendo de nuevo hacia la atmósfera o si simplemente está siendo desviada por el campo magnético.
El Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA ha aportado un magnetómetro de alta sensibilidad, encargado de medir la intensidad y la orientación de los campos magnéticos locales alrededor de Marte. Aunque el planeta perdió su campo magnético global, conserva “burbujas magnéticas” fosilizadas en la corteza, regiones donde las rocas quedaron magnetizadas en el pasado y generan pequeños campos locales. ESCAPADE estudiará cómo estas burbujas alteran el flujo de plasma y canalizan el escape atmosférico.
La Universidad Aeronáutica Embry-Riddle ha contribuido con sensores de plasma que analizarán en detalle parámetros como la densidad, la temperatura y la velocidad del gas ionizado que rodea a Marte. Estas mediciones ayudarán a entender cómo se transfiere energía desde el viento solar hacia la ionosfera y la exosfera del planeta, zonas donde se decide si las partículas logran escapar o permanecen atrapadas.
Completan el paquete científico unas cámaras diseñadas por estudiantes de la Universidad del Norte de Arizona, que tomarán imágenes de la atmósfera superior y la superficie. Aunque no son el instrumento principal de la misión, podrían incluso captar las llamativas auroras verdes marcianas, fenómenos luminosos generados cuando partículas energéticas excitan las moléculas de la atmósfera. Estas imágenes ayudarán a contextualizar las mediciones in situ del plasma y a comunicar los resultados al gran público.
Trayectoria innovadora: del punto de Lagrange a la órbita marciana
La ruta de viaje de las sondas ESCAPADE es casi tan interesante como sus objetivos científicos. En lugar de seguir la clásica trayectoria directa hacia Marte, la misión probará un itinerario más largo pero potencialmente muy útil para futuras expediciones: primero se dirigirán a un punto de Lagrange entre la Tierra y el Sol, y desde allí se impulsarán hacia el planeta rojo en el momento adecuado.
Los puntos de Lagrange son regiones del espacio donde las fuerzas gravitatorias del Sol y la Tierra se equilibran, permitiendo que una nave se mantenga relativamente estable con poco gasto de combustible. ESCAPADE aprovechará uno de estos puntos como “parking orbital” temporal, permaneciendo allí alrededor de un año antes de encarar la transferencia definitiva hacia Marte, previsiblemente en 2026, cuando la geometría entre ambos planetas resulte más eficiente.
Esta estrategia, aunque alarga el calendario de llegada, tiene una ventaja clave: reduce la dependencia de las tradicionales ventanas de lanzamiento a Marte, que solo se abren aproximadamente cada dos años. Si el enfoque funciona bien, podría facilitar una mayor flexibilidad para misiones futuras, evitando que un pequeño retraso obligue a esperar años para volver a intentarlo.
Una vez alcanzado Marte, cuya llegada está prevista para septiembre de 2027, las dos sondas iniciarán un periodo de ajuste orbital de unos siete meses. Durante esta fase, irán modificando de forma gradual sus trayectorias para colocarse en órbitas elípticas coordinadas, que les permitan volar “en formación” y acercarse hasta unos 160 kilómetros de la superficie en sus pasos más bajos.
La fase científica principal tendrá dos etapas bien diferenciadas. Primero, durante unos seis meses, ambas naves operarán prácticamente como si fueran “perlas en un collar”, siguiendo órbitas muy similares con una separación relativamente pequeña, ideal para estudiar variaciones rápidas en el entorno plasmático. Después, se irán distanciando progresivamente para proporcionar una cobertura espacial más amplia y construir un mapa tridimensional del flujo de energía y materia entre Marte y el viento solar.
El papel del cohete New Glenn y de la industria privada
ESCAPADE también marca un antes y un después en el modo de lanzar misiones interplanetarias, al ser una de las primeras en viajar a bordo del cohete de nueva generación New Glenn, desarrollado por Blue Origin, la empresa fundada por Jeff Bezos. Este lanzador, de unos 98 metros de altura, está diseñado para competir con la familia Falcon de SpaceX en el mercado de lanzamientos comerciales y gubernamentales.
New Glenn está concebido como un cohete parcialmente reutilizable: su primera etapa, equipada con potentes motores, está pensada para regresar a la Tierra y aterrizar en una barcaza oceánica llamada Jacklyn, de forma similar a lo que ya hace SpaceX con sus Falcon 9 y Falcon Heavy. Esta reutilización busca reducir costes y acortar los tiempos de preparación entre lanzamientos, lo que a la larga permitirá que misiones científicas como ESCAPADE resulten más asequibles.
Durante el vuelo inaugural orbital de New Glenn, el objetivo de recuperar el propulsor no se logró debido a un problema con el reinicio de los motores en la maniobra de regreso, aunque la misión principal de colocar el satélite de prueba Blue Ring Pathfinder en órbita sí fue un éxito. Blue Origin ha introducido desde entonces cambios en el sistema de gestión de propelentes y ajustes de hardware para aumentar las probabilidades de aterrizaje en vuelos posteriores.
El lanzamiento de ESCAPADE se enmarca en el programa VADR (Venture-class Acquisition of Dedicated and Rideshare) de la NASA, que promueve acuerdos con la industria privada para acceder al espacio de manera más flexible y económica. Esta colaboración con Blue Origin no solo busca poner en marcha una nueva familia de cohetes, sino también demostrar que las misiones científicas interplanetarias pueden beneficiarse directamente del auge de las empresas espaciales comerciales.
La campaña de lanzamiento desde la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral ha estado muy marcada por las condiciones meteorológicas. Ventanas de lanzamiento de alrededor de hora y media, ajustes por nubosidad y restricciones impuestas por la Administración Federal de Aviación —para aliviar la carga del control de tráfico aéreo— obligan a coordinar finamente cada intento. Aun así, la NASA y Blue Origin han planificado márgenes amplios para asegurar que ESCAPADE despegue en la ventana más adecuada.
Ventajas de usar dos orbitadores: visión 3D de un sistema muy dinámico
La gran baza científica de ESCAPADE es el uso coordinado de dos satélites idénticos. En lugar de una sonda “solitaria” que va muestreando la atmósfera y la magnetosfera en diferentes puntos a lo largo de su órbita, el equipo dispondrá de dos plataformas tomando datos al mismo tiempo, lo que cambia por completo la forma de estudiar un sistema tan variable.
Con esta configuración, la misión podrá monitorizar cambios en regiones separadas por hasta 160 kilómetros con separaciones de tiempo de tan solo dos a treinta minutos entre mediciones comparables. Esto es crucial porque el entorno de Marte —especialmente durante tormentas solares o episodios de alta actividad del viento solar— puede variar en escalas de tiempo muy cortas, que una única nave podría pasar por alto.
Robert Lillis y su equipo destacan que ESCAPADE permitirá “mediciones nunca antes posibles”, precisamente porque, al observar desde dos posiciones a la vez, podrán distinguir mejor qué variaciones se deben a cambios temporales (el sistema evoluciona con el tiempo) y cuáles reflejan diferencias espaciales (regiones distintas se comportan de forma distinta). Es como intentar entender un partido de fútbol con una sola cámara fija frente a tener dos cámaras moviéndose por el estadio.
Durante la primera fase de operaciones conjuntas, las sondas volarán casi en la misma órbita, como si fueran cuentas en un collar, siguiendo la estela una de otra. Esa separación relativamente pequeña es ideal para estudiar la dinámica a corto plazo de la ionosfera y la magnetosfera marcianas, registrando cómo una misma estructura de plasma cambia al cabo de pocos minutos.
En la segunda fase, las naves se irán distanciando para abarcar un volumen mucho mayor, permitiendo reconstruir un mapa 3D del flujo de energía y materia. Con ello se quiere pasar de tener mosaicos parciales —como hasta ahora, con misiones individuales— a disponer de una visión coherente del “circuito eléctrico” que conecta el viento solar con la atmósfera de Marte, y de cómo este circuito alimenta el escape de gases hacia el espacio.
Implicaciones para la exploración humana y la búsqueda de habitabilidad
Los resultados de ESCAPADE no solo interesan a quienes estudian el pasado de Marte; también serán esenciales para planificar futuras misiones tripuladas al planeta. Entender con detalle cómo la radiación solar y el viento solar interactúan con la ionosfera marciana es clave para diseñar sistemas de comunicación y navegación robustos para astronautas.
Las ondas de radio que se usarán para comunicaciones y posicionamiento pueden reflejarse en la ionosfera y viajar más allá del horizonte, algo que puede jugar a favor o en contra según se entienda bien el entorno. ESCAPADE ayudará a caracterizar esta capa y a prever bajo qué condiciones puede alterar las señales, lo que repercute directamente en la seguridad y la eficacia de futuras misiones humanas en órbita o en superficie.
Otro aspecto importante es la protección frente a la radiación. Al medir cómo llega la energía del viento solar hasta la atmósfera superior y cómo se redistribuye, la misión aportará datos críticos para evaluar los riesgos que asumirán los astronautas, tanto en la órbita marciana como sobre el suelo del planeta. Esta información podría incluso inspirar en el futuro conceptos de “escudos magnéticos artificiales” o estrategias de diseño de hábitats que aprovechen las regiones más protegidas.
Aunque ESCAPADE no está pensada directamente para buscar agua, sus mediciones ayudarán a cerrar el balance entre lo que se ha escapado al espacio y lo que ha podido quedar retenido bajo la superficie. Trabajos recientes, incluyendo datos sísmicos de la misión InSight, apuntan a que podrían existir grandes reservas de agua líquida a varios kilómetros de profundidad. Conocer la tasa actual de pérdida atmosférica permite estimar mejor cuánta agua y cuántos gases deben seguir “escondidos” en el subsuelo.
En el contexto de la astrobiología, entender cómo y cuánto se ha perdido de la atmósfera de Marte nos da pistas sobre cuánto tiempo pudo mantener condiciones habitables en superficie. Si el planeta retuvo una atmósfera densa y agua líquida durante cientos de millones de años, es más plausible que surgieran entornos adecuados para la vida microbiana. Los datos de ESCAPADE complementarán así misiones como Perseverance y el futuro retorno de muestras, que buscan rastros directos de vida pasada.
Todo esto se enmarca en un esfuerzo más amplio por parte de la NASA y la comunidad científica para preparar el camino a una presencia humana sostenible en Marte. Aunque, como reconoce el propio Robert Lillis, establecer un asentamiento allí será un desafío enorme, la combinación de tenacidad humana, innovación tecnológica y misiones como ESCAPADE sigue empujando las fronteras de lo que sabemos y de lo que algún día podremos hacer en el planeta rojo.
La misión ESCAPADE representa, en definitiva, una apuesta inteligente por hacer mucha ciencia con recursos relativamente modestos, apoyándose en nuevas plataformas comerciales de lanzamiento y en satélites pequeños pero muy especializados. Sus dos orbitadores gemelos permitirán, por primera vez, observar de forma simultánea y tridimensional la batalla constante entre el viento solar y la atmósfera de Marte, desvelando cómo un mundo que antaño fue más húmedo y templado acabó convertido en un desierto helado, y ofreciendo información crucial para quienes, en las próximas décadas, sueñan con caminar sobre su superficie.
